Tienes
todos
los ingredientes para surgir,
por
esa puerta, como un artista de la seducción.
Tu piel
curtida, tu vientre
firme, tus botas
que
me avisan que has llegado del chiquero. Tu transpiración, tu saliva
y tu aliento.
“No los
haré esperar ni un segundo”,
se dijo para sí. Y salió con su mejor sonrisa, dejando de
lado el cuidado propio del tránsito, abandonando la atención que requiere el avance, la velocidad y sus adversidades.

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