“Nos
vamos”, dijo, con voz de tabaco. Y el chico obedeció como si su camino no
tuviera otra posibilidad.
La
carga más pesada la llevan en el pensamiento. Ambos creen que van en el sentido
correcto. Uno obedece y cree que eso es lo mejor. El otro lo manda pensando
que, precisamente, de eso se trata su tarea.
Corre
la brisa fresca, se viene la noche. Y, entre ellos, no se ve ni una palabra que
los conecte.

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