Ese objeto,
que coronaba
el
paisaje, se hacía cada vez más pequeño, hasta desaparecer.
Se trata de ese instante en
el que no sabemos si el ojo ve o imagina aquello que -durante un tiempo
prudente- habíamos mirado fijamente. Esa
fue una bendición de nuestra infancia, de la infancia de nuestro tiempo: podíamos ir libres, de pie, en el asiento de un auto en marcha, mirando por el
parabrisas trasero.
Pues bien, en esa circunstancia que describo, vi
mil veces esta imagen o, más bien, sentí mil veces lo que esta imagen me evoca.
Imaginaba -en ese instante- una vida sencilla dentro de
esas casas que se hacían pequeñas. (Digo sólo esta frase para hacerla corta).
Parece que se trata delquehacer de un mago; devolverme,
sin esfuerzo, esa mirada de niña. Gracias.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario