El
silencio surge como una posibilidad infinita cuando queremos escuchar el
cuerpo. Se presenta ante nosotros como una vía amplia, inevitable, para
transitar desde el centro de nuestro cosmos, a cualquier punto de la geografía
que puede dibujar nuestra mirada.
En
silencio puedo entenderte como se comprende a un animal, y la sola idea me
despierta un amor suave y ligero, en el que me sorprendo flotando.
Sólo
así puedo saberte a salvo aunque te hayas metido entre las
patas de los caballos. Justo donde las palabras -los dichos populares- advierten el mayor peligro. Allí está tú, corazón abierto, a salvo, porque has sabido leer el cuerpo.
Porque en silencio escuchas mejor el cuerpo, el que habita tu alma y el que
habitan las almas de los otros.
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