Con
música en los audífonos la vida se nos vuelve un video clip. Un ipod
hallado al fondo de una maleta nos puede abrir paisajes nunca antes vistos en
nuestra geografía mental, los matices emocionales emergen mostrándonos las
diferencias entre el ayer y el ahora, entre este instante y ese ahora que acabo
de nombrar, que ya no es.
Y, de
pronto, como encuentro inesperado tras
una esquina, nuestra alma
descubre acomodo en una roca saliente que construye la música, entre los
riscos. Allí donde en apariencia acecha el peligro, allí uno se sienta a pensar
que podemos nuevamente salvarnos.
Pero
ese adorable artificio de la música no es nada al lado del sound track de
un invierno unplugged.
Las
hojas secas crujen en el piso, el aliento nos hace una nube densa que se escapa
de la boca, las ropas rozan dándole ritmo a la marcha, los autos arrullan con
el pasar de sus ruedas sobre el asfalto apenas mojado. Se agudizan los sentidos con el frío. Es tiempo de arrullos,
susurros, ventiscas, neblinas,
chubascos. Es tiempo de tenues y
difuminados. Y todo esa magia , tu la retratas.
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