Ella
tenía que pararse en seco y respirar profundo cada vez que lo sentía
cerca. Él la estremecía.
Para
ella esta sensación de vulnerabilidad era inédita, nunca antes la había
experimentado. Quizás lo que más la descolocaba era saber que él no tenía nada que hacer en lo absoluto para lograr dejarla en el aire -pero no como quien
salta o vuela con gracia- más bien como quien se queda -tras
una breve ilusión de seguridad- sin piso, cayendo al
vacío, de repente.
Ella
no sabía si era adicta a él o a esa vulnerabilidad que él le producía sin
esfuerzo alguno.
Ella
nunca pudo descifrarlo,
y él no tuvo la gentileza de ayudarla en esta tarea.
En
definitiva, lo único que habría que agregar es que
ella, para quitarse este espanto de encima, le dio por contextualizarlo. Jugaba a
mirarlo desde otra perspectiva, cosa que -por ejemplo- un pájaro en vuelo
rasante se comiera su cabeza para poder cerrar, definitivamente, este
capítulo.

Muy buena fotografía y excelente texto. les felicito por tan buena combinación
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