domingo, 14 de diciembre de 2014

Nuevamente la noche


La noche anterior se había sumergido en un sueño tan elaborado, que aún no podía descifrarlo.

Lo que había quedado de ese sueño era una pelusa de sensaciones que parecía llevar sobre su cabeza, como única protección para el camino.

“¿Cuándo uno piensa intensamente en alguien, ese alguien está pensando también en mi? ¿Eso será cierto?”, se preguntó al tomar la bicicleta.

Salir por un poco de aire fresco era la única alternativa para recuperar la lucidez, antes de que lo encuentre nuevamente la noche.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Derrota


No hay caso ya. No hay nada más qué hacer. Acabas de darte cuenta, viste lo que no veías. Eso que, sin querer, evitabas mirar, se levantó como un espectro y te sopló la frente dejándote ciego por un instante, abatido.

El cuerpo no miente. Fíjate no más cómo te colocas, cuando crees que nadie te está mirando.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Equipaje


Quienes hemos decidido partir pertenecemos a una especie heterogénea (razas, quehaceres, credos, poder adquisitivo, preferencia sexual, vegetarianos, carnívoros, en fin). Estamos, eso sí, unidos por la vivencia de elegir, una y otra vez, la partida; demanda de quien no cabe más en el mismo lugar, alma que se hace cargo. 

“O me voy o me ahogo”: renunciamos para encontrarnos de nuevo, para no volvernos unos extraños para nosotros mismos. Podemos, entonces, conmovernos con equipajes propios y aparentemente ajenos: “con esto cruzaré la cuerda floja hasta el otro lado, donde no sé qué hay, no sé qué me espera”.

No vivimos juntos, no tenemos grupo en facebook, no tenemos chat en WhatsApp. Nosotros, quienes hemos decidido partir, nos reconocemos por la mirada. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Ajena


Desde hace días, vengo sintiendo la incomodidad de la parturienta. No encuentro sosiego en posición alguna, en ningún lado, con nadie. 

He limpiado con desesperación y energía todo aquello que se me antojó inmundo, hasta la mirada de algunos me ha lucido poco clara, hasta la vida de los otros se me dibuja
fatua y absurda. 

Y  de todo eso, en nada soy ajena.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Mirada de niña



Ese objeto, que coronaba el paisaje, se hacía cada vez más pequeño, hasta desaparecer. 

Se trata de ese instante en el que no sabemos si el ojo ve o imagina aquello que -durante un tiempo prudente- habíamos mirado fijamente.  Esa fue una bendición de nuestra infancia, de la infancia de nuestro tiempo: podíamos ir libres, de pie, en el asiento de un auto en marcha, mirando por el parabrisas trasero. 

Pues bien, en esa circunstancia que describo, vi mil veces esta imagen o, más bien, sentí mil veces lo que esta imagen me evoca. 

Imaginaba -en ese instante- una vida sencilla dentro de esas casas que se hacían pequeñas. (Digo sólo esta frase para hacerla corta). 

Parece que se trata delquehacer de un mago; devolverme, sin esfuerzo, esa mirada de niña. Gracias.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Propósitos más elevados



Un poco hastiada de las cámaras que buscan hacer turismo social, le advierte a su hijo las bondades de no hacerle fácil la mirada a ningún extraño. “Que tu vida sencilla no le sirva a nadie de consuelo ni sorpresa”.

“Tus propósitos son más elevados que cumplir con las expectativas del otro”, le dijo, justo antes de que aparecieras como un espejo. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Excusa


Poco importaba olvidar aquello que, en apariencia, nos convocaba. La tarde enfriaba el pretexto, olvidábamos la coartada para perdernos en una conversación que nos diluía como los astros cuando se esconden en el horizonte; esa línea donde nos encontraba la caligrafía de la noche. 

domingo, 26 de octubre de 2014

El mundo imposible


Tras renunciar por completo a tener cautiva una certeza, se le ocurrió una buena idea: “para acabar con este sueño, para quitarme de encima este manto de obviedades, observaré en silencio cómo se mueve, allá afuera, el mundo sin mi”.

domingo, 19 de octubre de 2014

domingo, 12 de octubre de 2014

Fuga


La máquina de los pensamientos, tan atenta a las instrucciones, no descansa en su obedecer. Él tiene este conocimiento, sabe moverse en los laberintos soterrados de las conductas urbanas. Conoce los códigos de esa fiesta lounge, de la que acaba de escapar. Quizás él mismo fabricó  esos códigos  intangibles que ahora lo aburren. Por eso ha decidido abandonar la fiesta, a lo lejos se pierde la música, se diluye en la brisa que lo arropa. Abandona sus zapatos -como lo hace con su cuero la serpiente- cual testimonio de lo que ya no quiere ni le sirve. Su piel toca el mar, se permite un poco de libertad,  saluda a la luna. Cree que allí no hay nadie para registrarlo.